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“...Hay un solo plan que comprende varios planes... el plan cultural ya ejecutado, restaurando en la totalidad de la prensa, en la Universidad, en la enseñanza media y primaria, la formación que viene desde Caseros, y se mantiene por el monopolio mitrista de los instrumentos de cultura, para que la deformación histórica se consolide, impidiendo la formación de una conciencia nacional...” ERNESTO JAURETCHE - Ejército y política. La patria grande y la patria chica.
.... “La cultura, como se sabe, contiene en primer lugar la semisuma de experiencias de un pueblo. “Semisuma” porque no a todas las experiencias Jauretche las considera válidas. Así los pueblos van reteniendo experiencias y van descartando aquellas que no han mostrado valores significativos. La cultura, en síntesis, es un sistema de valores vitales que son “creados” o adoptados en el devenir y que constituyen como una segunda piel o plataforma sobre la que los miembros de esa comunidad cultural (pueblo) estructuran sus códigos de comunicación y sus símbolos de sostén subjetivos. Su base de lanzamiento, su palanca de potencia, su recurso básico desde el cual se construye y reconstruye. Esta variable inmaterial era la clave esencial sobre la que operaba el neocolonialismo civilizatorio. Por eso Jauretche resalta y hace suyas las afirmaciones de Stranger - un imperialista alemán - , quien señalara: “En las semicolonias que gozan estado político independiente decorado por la ficción jurídica la colonización pedagógica deviene... esencial; pues no disponen de otra fuerza para asegurar la perpetuación del dominio imperialista, y ya es sabido que las ideas, en un cierto grado de evolución, se truecan en fuerzas materiales”. La cacareada civilización, bandera de la modernidad, inhibía la lógica de las armas de fuego para dominar a los pueblos. La nueva estrategia tenía que ver con el dominio de la mentalidad de los pueblos. Por eso Jauretche sin dejar la cuestión política le apunta muy especialmente los cañones de su inteligencia a los factores culturales. Intuye que por ahí se esconde una gran parte de las causas que nos impiden desarrollarnos como pueblo y realizarnos como nación. Su enfoque realista profundo y desestructurador y su estilo desinhibido le permitía llamar a las cosas por su nombre, cerrándole el paso a las falsas verdades. Con la precisión de cirujano y la hondura de quien usa el análisis como estilete puso al descubierto lo que se ocultaba detrás del discurso colonizador. Encontró y mostró cómo la superestructura cultural desarrollaba y modelaba la colonización pedagógica a través de una red de axiomas que por un lado penetraban el sentido común, deformándolo, y por otro se aseguraban el poder sobre la voluntad y creatividad del nativo. Determinó que la clave del objetivo colonizador de esa pedagogía era “impedir que el pensamiento nacional se elabore desde los hechos, desde la comprobación del buen sentido” En su tarea de disección del meta mensaje omnipresente que corrompía la subjetividad colectiva fue encontrando patrones básicos del discurso colonizador. Afirmaciones y sofismas a los que, socarronamente, llamó “zonceras”. Avisando sobre su naturaleza corrosiva, decía de estas: “Su fuerza no está en el arte de la argumentación. Simplemente excluye la argumentación (o bien la tergiversa) actuando dogmáticamente mediante un axioma (que usa como premisa del argumento) introducido en la inteligencia (del que escucha), y su eficacia no depende, por lo tanto, de la habilidad en la discusión como de que no haya discusión, porque en cuanto el zonzo analiza la zoncera, dejar de ser zonzo”. Y en igual sentido pero, en otro plano, las zonceras se hacen fuertes en la boca de dos grupos relevantes que operan en la realidad argentina: Los profetas del odio y el medio pelo. Los primeros, emisores, funcionaron como idiotas útiles correveidiles de la colonización pedagógica y los segundos, receptores, como difusores en los niveles medios de la sociedad. Unos dándole al discurso colonizador categorías “académicas”, los otros vulgarizando y extendiendo el grado de influencia del discurso. Los profetas del odio se complementan con él medio pelo, componen las dos riveras que materializan y facilitan el cauce ancho y torrentoso de la colonización pedagógica. Aquéllos por “calientaorejas” y mensajeros de adjetivaciones denigratorias hacia los argentinos y lo argentino, estos por tilingos que como loros repiten por boca de ganso lo que aquéllos dicen. Denigración descalificatoria basada en el reduccionista y prejuicioso hecho de ser parte de esta nueva nación. Fenómeno descalificador que se verifica tanto por derecha como por izquierda y que coincide en una actitud crítica por parte de la intelectualidad, el mediopelo patricio y el nuevo mediopelo mercantilista. Buhoneros despiadados que desprecian o toman peyorativamente todo lo que es realizado por argentinos. Condición y efecto que instala el clásico “palo porque bogas y palos porque no bogas”, provocando en la sociedad argentina el síndrome del “gataflorismo”. Causa-efecto uno “causa actuante”; el otro “efecto consecuente”. La superestructura cultural, polea principal de la colonización pedagógica, estratégicamente impone la madre de todas las zonceras: “civilización y barbarie”. Los inteligentes y los tilingos, tres de las zonceras consecuentes: “Éste es un país de mierda”, “la inferioridad del nativo” y “política criolla - política científica”. Esta combinación entre emisores cultos y receptores predispuestos establece un clima y un estado de cosas que hacen del buen sentido un bien más que escaso. Estos inteligentes y sus tontos seguidores son quienes tienen “la incapacidad de comprender la realidad porque esta se ha decretado negativa previamente”.
Fuente: JUAN CARLOS JORICA |