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No los entiendo y no nos entiendo. ¿No era que en invierno hace frío y en verano calor? Lo raro sería que nevara. Que en verano pasáramos los días y las noches abrigados y con calefacción.
Por eso me pregunto: ¿Qué necesidad hay de al encontrarse con cualquiera, poner cara de sofoco y decirle /¡Qué calor, no se aguanta! /Para que la otra o el otro respondan /“Así no se puede vivir”/. Y, no. No se puede. Y dale con el calor. Que es bárbaro, insoportable, infernal, terrible. Surtido básico de adjetivos alusivos. Además al adjetivo se lo acompaña con gestos y muecas de tortura. Gente aparentemente normal, estándar, que habiendo perdido todo indicio de originalidad parece reconfortarse en un monotema: el calor. Se contagia el calor por osmosis del diálogo y del boca a boca. Se dan manija y más sudan cuanto más “calorpatía” se intercambian. ¿Me decís que ya no dás más de calor? Pero si estás en el edificio de tu empresa donde las empleadas hasta tienen que ponerse un saquito. Si salís de un aire acondicionado y te metés en otro. El calor mata. O “la” calor como se decía antes cuando en verano las mujeres usaban enagua y corsé y los hombres sombrero y saco y corbata, y debajo de la camisa, camiseta intelock. ¿Cómo hicieron para sobrevivir solamente apantallándose con un abanico o con un ventilador que apenas si soplaba una brisa caliente? Eran tiempos en que no había delivery de helado. Imaginen ese padecimiento de no poder pedirlo por teléfono Tampoco había, y no voy a enumerar cuanta tecnología existe, porque todo está en las listas de electrodomésticos. En cualquier momento para viajar en colectivo o en subte se empiezan a fabricar refrigerantes portátiles de culos para que no se te pegue la cuerina de los asientos. El calor se disfruta de acuerdo a las playas o piletas que nos son afines , y se sufre de acuerdo al laburo de pizzero con horno a leña donde se labure.Cada cual tiene calor según el fresco de que es propietario. Hay gente que ni en invierno es dueña del calor, ni del fresco en verano. Debe vivir siempre a contramano de la temperatura. Es la que tiene derecho al pataleo. La otra, que deje de agotar kilowatios al pedo, por angurria. El problema a que yo apunto no es el serio de la salud, que exige cuidados, sino el del lenguaje. El de convertir al calor en el único tema relevante de nuestras relaciones. También entre nosotros los periodistas, que últimamente no militamos en la sensatez sino en lo desorbitado. En muchos medios se está hablando del calor como si fuera una plaga climática que va a derretir a la Argentina. Lo que sería bueno se derritiera es el lugar común; lo obvio. Para que el que no habla del calor con el otro, no se sienta un excluido. Hablar del tiempo es la excusa más difundida para no decirse nada. Pero es sorprendente que en pleno verano nos sorprenda el calor. Será que tenemos tan poco para decirnos. O porque es la única coincidencia que nos une. *Carta abierta leida por Orlando Barone el 29 de enero por Radio del Plata |