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Tras la llegada del presidente derrocado, en Tegucigalpa reina la tensión. Zelaya, alojado en la embajada de Brasil, denunció los ataques de los golpistas y se negó a dialogar con Micheletti
La crisis en Honduras se agudiza luego de que el depuesto presidente, Manuel Zelaya, derrocado por un golpe de estado el pasado 28 de junio, ingresara por sorpresa al país y se instalara en la embajada de Brasil. Zelaya denunció que los golpistas ordenaron rodear y vallar la embajada, a la vez que dispararon gases y se encuentran apostados francotiradores “por todos lados”. “Quiero denunciar que fuerzas militares y de seguridad rodearon la embajada, dispararon gas mostaza, que es letal, contra el pueblo que estaba en las calles y apostaron francotiradores por todos lados”, afirmó Zelaya en una entrevista. En tanto, la embajada de Brasil en Tegucigalpa tuvo la luz, agua y teléfono cortados, y pidió apoyo a la delegación estadounidense, informó la cancillería en Brasilia. “La electricidad ahora se está manteniendo con generador”, explicó la fuente. Brasil solicitó apoyo a la embajada de Estados Unidos para que, en caso de que sea necesario, ofrezcan diesel para el generador y seguridad, explicó la cancillería. En una entrevista telefónica, el depuesto presidente rechazó terminantemente la posibilidad de dialogar con el mandatario de facto Roberto Micheletti. “En un país no existen dos presidentes. Hay uno solo democrático y elegido por el pueblo. El otro es un tirano que tomó el poder por la fuerza, y si bajara los rifles lo echarían”, enfatizó. En tanto, el portavoz de la secretaría de Seguridad, comisario Orlin Cerrato, dijo que en el desalojo producido en la embajada de Brasil resultaron golpeados dos policías y fueron detenidas 174 personas, que están concentradas en un estadio y serán procesadas por desorden y vandalismo. Un médico entrevistado por la radio Globo informó que en el hospital público Escuela, el más grande de la ciudad, fueron atendidas 18 personas con golpes. Zelaya aseguró a la televisión estatal venezolana que hubo tres muertos durante el desalojo, pero el ministro de Información de facto, René Zepeda, dijo a la agencia AP que “no ha habido un tan solo fallecimiento”. Antonio López, vigilante de una residencia cercana a la embajada brasileña, relató que “los policías, con sus rostros cubiertos, les arrojaron gases lacrimógenos y entraron con todo. Y les dio palos a los manifestantes, que salieron corriendo”, agregó, señalando que parecía una zona de guerra. Según Cerrato, el desalojo se realizó luego que los zelayistas retuvieron una patrulla policial en las cercanías durante dos horas y la incendiaron. “Estamos dispuestos a aplicar los niveles necesarios de fuerza”, afirmó. El presidente de facto Roberto Micheletti aseguró en rueda de prensa que “Zelaya no debe seguir incitando a la violencia desde la casa de un hermano (por la embajada). Respetaremos la sede brasileña si Brasil nos entrega a Zelaya o se lo lleva de Honduras”. |