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Hacia una paz duradera en Asia-Pacífico |
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jueves, 13 de noviembre de 2008 |
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 Por:Vanessa Shih Ministra Oficina de Información del GobiernoRepública de China (Taiwán) El 4 de noviembre, tuvieron lugar dos eventos con importantes implicaciones para la paz y la prosperidad mundiales. Uno de ellos acaparó la atención de todo el mundo, mientras que el otro, siendo menos noticioso, no resultó menos significativo.
El primer evento, fue la celebración de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, haciendo renacer la esperanza de que un nuevo líder americano aliente a las naciones para que se alcen por encima de intereses nacionales y conjuntamente trabajen en los incontables retos que afronta la humanidad. El otro evento ocurrió en el otro lado del mundo. En Taipei, los equipos negociadores que representaban a los gobiernos de Taiwán y de China continental, luego de una década de separación, firmaban una serie de acuerdos que suponen un paso histórico hacia el alivio de las tensiones a través del Estrecho de Taiwán y que fortalecen las expectativas de paz y prosperidad en la región de Asia-Pacífico. Durante las últimas seis décadas, el desarrollo de las relaciones entre Taiwán y China continental ha estado bloqueado por las disputas acerca de la soberanía. Las mismas han hecho surgir la posibilidad de conflictos que podrían haber arrastrado a otros países a un torbellino, afectando seriamente la economía global. Las naciones de todo el mundo han estado esperando un cambio de intenciones en los líderes de ambos lados del Estrecho de Taiwán que reemplazara el peligro creciente de guerra catastrófica por el progreso hacia una paz duradera. Los cuatro acuerdos del 4 de noviembre, junto con los dos firmados en Pekín el pasado 13 de junio, son señal de un cambio de parecer, un cambio en las actitudes de las autoridades tanto de Taipei como de Pekín. Se trata de acuerdos técnicos que establecen las bases formales para los modos de interacción que prácticamente todas las sociedades en la comunidad internacional dan por supuesto en sus relaciones. Se incluyen en ellos medidas para garantizar la seguridad de alimentos importados; para iniciar transporte marítimo directo; como así también vuelos charter en días laborables a través del Estrecho, y para expandir la cooperación en materia de servicios postales. El presidente de la República de China, Ma Ying-jeou, que tomó posesión de su cargo el pasado mes de mayo con la fuerte determinación de mejorar las relaciones a través del Estrecho, ha establecido recientemente el tono para futuras consultas y negociaciones enfatizando cuatro principios: los dos lados deben afrontar directamente la realidad; ninguno de los dos debe negar la existencia o legitimidad del otro; el bienestar del pueblo debe ser la principal prioridad; y cualquier acción que uno u otro lado adopte debe ir encaminada a la búsqueda de la paz. Al haber alcanzado un consenso para enfocar asuntos de importancia práctica e inmediata tanto para Taiwán como para China continental y al haber dejado a un lado el espinoso asunto de la soberanía, los dos gobiernos han demostrado su determinación de acatar estos principios. Nadie debería subestimar los retos afrontados por las sociedades de ambos lados del Estrecho en sus esfuerzos por mejorar las relaciones. En su discurso tras la victoria, el presidente electo norteamericano Barack Obama dijo: “El camino por recorrer será largo. Nuestra ascensión será empinada. No llegaremos en un solo año, ni siquiera en un solo periodo. Pero nunca me he sentido más esperanzado que esta noche, y llegaremos”. El mismo día, en el otro lado del planeta, los líderes de Taipei y de Pekín aclamaban su victoria sobre la hostilidad y el pesimismo con optimismo similar pero en términos realistas. ¿Podemos en Taiwán y en China continental tener éxito en transformar la enemistad en amistad? No importa lo difícil que sea el camino que tenemos por delante; debemos creer. “Sí, podemos”.  |
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