Siles venía de ganar las elecciones de 1980, celebradas en un amago democrático en medio de la dictadura que gobernó Bolivia durante 18 años hasta 1982 y, producto de la presión internacional y el cambio de paradigma en América Latina, que comenzó en el amanecer de los 80 a transitar a la democracia, se puso al timón de la reparación institucional en Bolivia que se hundía en una crisis económica de proporciones. Al Presidente que en su primer mandato, entre 1956 y 1960, hubo plantado cara a una hiperinflación, no le alcanzaron los arrestos para lidiar con una coalición de derechas que al desbaratar, en el Congreso, sus políticas y maniatarlo en todos los frentes hasta con la artillería de la Central Obrera Boliviana, que en tres años patrocinó 756 huelgas, paros y protestas. Acorralado por una conjura o poco menos que eso, aceptó en 1985 el recorte de su mandato mientras engordaba el monstruo de la hiperinflación que se alzó hasta el 25.000% en agosto de 1985. El diputado por Cochabamba, Gonzalo Sánchez de Lozada, fue quien pidió a Siles acepte el recorte de su mandato. Los comicios fueron convocados para mediados de 1985 y el ex dictador Hugo Banzer (1971-78) prometió "orden, paz y trabajo" y ganó con 33% de 1,5 millones de votos la elección, seguido por el ex presidente Víctor Paz Estenssoro (30,36%), y Jaime Paz, ex vicepresidente de Siles Suazo, un dirigente socialdemócrata que alcanzó el 10% de la votación y que en cuatro años se puso, en un azar del destino y una paradoja de la insondable política boliviana, a tiro de la Presidencia. El triunfo de Banzer no fue respetado y Paz Zamora y Paz Estenssoro, cognados al fin, alcanzaron un acuerdo y en el Congreso sentaron al último, y segundo en la votación, en la Presidencia. Más paradójica e incomprensible aún, la política boliviana habría de deparar una nueva emboscada a la lógica y a la ética en las elecciones de 1989, cuando el triunfo del primero fue desconocido y ungido el tercero en la votación. El candidato de Paz Estenssoro, el ministro de Planificación, Gonzalo Sánchez de Lozada, artífice de las privatizaciones en Bolivia, ganó los comicios con el 25,64% de los votos, 40 centésimas porcentuales más (6.000 votos más) que el multireincidente Banzer que, bajo cuerda, se alió con Paz Zamora, que cosechó 21,83% de los votos, y en un encono político, lo hizo Presidente en el Congreso. Sánchez de Lozada, que llevó a la Vicepresidencia al indígena Víctor Hugo Cárdenas, hubo de cobrárselas y en las elecciones de 1993 les pasó factura. Les infligió una derrota de guarismos incuestionables, para ese tiempo: 35,5% de los votos. Banzer alcanzó 21%, y dos fuerzas emergentes populistas, las del "Compadre" Carlos Palenque, dueño de medios y cercano a las masas de La Paz, y del empresario de la cerveza, Max Fernández, cosecharon 14,2 y 13,7% de los votos respectivamente Una fuerza residual, el Movimiento Bolivia Libre, que se arrancaba de la izquierda boliviana, obtuvo 5% de apoyo electoral y, sobre esa base, flirteó con el presidente electo en la refrenda del Congreso, fábrica, a la sazón, de pactos y presidentes. Sánchez de Lozada privatizó lo que el tiempo le permitió, con especial dedicación las empresas estratégicas del Estado y llamó a elecciones para 1997. En su última eyaculación electoral, Banzer se salió finalmente con la suya y para captar el grueso del indeciso y atomizado electorado boliviano se alió con el entonces munícipe de Cochabamba, tan militar como él, Manfred Reyes Villa, y la Democracia Cristiana. Ganó con 22%, cuatro puntos, más que el candidato oficialista de Sánchez de Lozada, Juan Carlos Durán. Los populistas del cervecero Fernández se anotaron 16% de los votos, lo mismo que los socialdemócratas de Paz Zamora. Para entonces el padrón electoral alcanzaba ya 2,5 millones. Con una heterogénea coalición que incorporó a conservadores, populistas, democristianos y socialdemócratas, el ex dictador se fajó la banda de presidente constitucional y sólo una enfermedad terminal lo evacuó del poder en 2001 cuando a falta de un año de su mandato fue sucedido por su vicepresidente, el joven Jorge Quiroga, un tecnócrata formado en centros estadounidenses. Dispuesto a completar su obra de pincel privatista, volvió Sánchez de Lozada para los comicios de 2002 y a duras penas pudo ganarle en las urnas al líder de los labriegos del Chapare, Evo Morales, que alcanzó una espectacular votación 20,9%, dos puntos porcentuales menos que el triunfador en la contienda electoral ungido, como siempre, en el Congreso. El indígena dejó en el camino y fuera de la refrenda congresal a Reyes Villa que en las encuestas y la campaña marchaba en cabeza. En los comicios de 2005, Quiroga, el vice de Banzer, quiso hacerle frente a Morales que montó en topadora y se alzó con el 54% de los votos. Saltó la refrenda congresal y el mismo día de la votación se convirtió en el primer presidente electo de Bolivia desde 1980. Mientras la votación, la séptima elección de curso sucesivo desde la restauración democrática en Bolivia, estaba el domingo en marcha, Morales tenía, el jueves, cuando concluyó la campaña, al menos 60% de la intención de voto. (x) Editada por la Agencia Boliviana de Información |