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La oportunidad de profundizar más el Mercosur. |
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viernes, 23 de enero de 2009 |
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Por Aldo Ferrer – Causa Popular Una de las mejores noticias de los últimos tiempos es la decisión del Gobierno de concluir la construcción de la tercera central nuclear (Atucha II) y el acelerado ritmo de ejecución impreso a la finalización de la obra. Asimismo, la decisión de comenzar los trabajos para el diseño y ejecución de la cuarta central, ubicada en el mismo emplazamiento de Atucha I y II, en Lima, provincia de Buenos Aires, ratifica la correcta decisión del Gobierno de dar nuevo impulso a la energía nuclear.
La conclusión y puesta en marcha de Atucha II en su actual emplazamiento, como la proyectada instalación de la cuarta central en el mismo lugar, permite el pleno aprovechamiento de la infraestuctura existente con la obtención de importantes economías de escala y reducción de costos, además de la generación de demanda para la producción de agua pesada.El programa nuclear incluye el enriquecimiento de uranio para abastecer a las centrales y la construcción del prototipo del CAREM, reactor de baja potencia de diseño argentino, con muy buenas perspectivas de exportación.Junto a los logros tecnológicos del INVAP, el sector nuclear constituye actualmente el avance más notable del desarrollo científico y tecnológico del país.Son muy buenas decisiones que permiten revertir un prolongado proceso de estancamiento en el sector y rescatar lo mucho importante que el país realizó en el pasado en esta materia.La reactivación del desarrollo nuclear argentino coincide con una tendencia semejante en el resto del mundo. En la actualidad existen 440 plantas nucleares que proporcionan cerca del 20% de la producción mundial de electricidad.La Agencia Internacional de Energía Argentina estima que la potencia nuclear instalada en el mundo aumentará en 85% hasta el 2030, duplicando la producción actual nucleoeléctrica.Atucha II es importante por varios motivos. Primero porque con sus 745 MW de potencia instalada amplía a la participación de la energía nuclear en el parque eléctrico del país, la cual es una fuente de energía renovable y no contaminante.Segundo, porque las centrales nucleares operan en la frontera tecnológica, derraman conocimientos y habilidades en la economía y movilizan al sistema nacional de ciencia y tecnología.Tercero, porque pone fin a una larga demora de más de veinte años, representativa de la impotencia del país y de su Estado para encarar las obras fundamentales del desarrollo.Cuarto, porque se trata la mayor obra pública actualmente en ejecución en América del Sur demostrando que la Argentina tiene la capacidad técnica, económica y financiera para desarrollar grandes proyectos.En efecto: las obras de Atucha II emplean actualmente a 5.200 personas, en su mayor parte personal de alta capitación técnica y científica, e implican una inversión diaria equivalente a u$s1 millón.La energía nuclear es una fuente importante del abastecimiento energético y reveladora de la capacidad del país para emprender proyectos de alta complejidad. Su desarrollo permitió enriquecer el acervo científico, tecnológico e industrial.Sobre estas bases fueron posibles, por ejemplo, los éxitos logrados por el INVAP en la construcción de reactores, satélites, radares y otros equipamientos en la frontera del conocimiento contemporáneo.Recordaré que durante mi gestión (1999-2001) como presidente del directorio de la Comisión Nacional de Energía Atómica se destacó que Atucha II debía concluirse o desmantelarse definitivamente.Comparamos los costos y beneficios de ambos cursos posibles de acción. El resultado del análisis de la alternativa fue concluyente: convenía terminar las obras, construidas ya en aquel entonces en un 80%, en el menor tiempo posible, estimado en cuatro años desde el reinicio de los trabajos.Los estudios realizados en ese entonces revelaban que el componente nacional de las obras y servicios representa el 76% de la inversión a realizar (alrededor de $2.000 millones) que generaría 2.250 puestos de trabajo, con un pico de 4.500, más empleos indirectos en la zona de influencia de las obras y en los proveedores privados.Atucha II es una central de uranio natural con una potencia instalada de 745 MW y que fue objeto de una licitación internacional, en 1980, por un contrato no llave en mano, adjudicada a Siemens-KWU de Alemania.La obra se inició en marzo de 1981 y debió estar operativa en julio de 1987 con una inversión de u$s1.600 millones y una vida útil estimada de cuarenta años.La indecisión para proveer la contrapartida de fondos locales para la ejecución de las obras llevó a su paralización. Transcurrieron veinte años desde 1987 y en vez de haber producido más de 80 millones de kilowatts/hora equivalentes a más de u$s6.000 millones, el proyecto gastó, a fondo perdido, más de u$s9.000 millones incluyendo los intereses caídos, sin contar el costo de mantenimiento anual de las obras paralizadas y de la planta de agua pesada de Arroyito. Actualmente, las inversiones faltantes para la conclusión de la obra se estiman a u$s1.300 millones.Considerando que todo lo invertido en el pasado estaba irremediablemente perdido si no concluía la construcción y puesta en marcha de la obra, la tasa interna de retorno de Atucha II es seguramente la más alta entre los grandes proyectos imaginables.Además de la rentabilidad estimada del proyecto, existen otras razones decisivas que avalan la decisión actual del Poder Ejecutivo de concluir la construcción y poner operativa a Atucha II.La central dará mayor estabilidad al sistema eléctrico por tratarse de una unidad de base que además, por su bajo costo marginal, puede disminuir los precios del MEM en ciertos períodos.Constituye una pieza principal del sector nuclear argentino porque permite el pleno aprovechamiento de la capacidad instalada de combustibles nucleares y agua pesada y eleva la eficacia de Atucha I, cuya vida útil se está acercando a su fin.La conclusión de Atucha II consolidaría el dominio de la tecnología nuclear, campo en el cual el país logró avances notables en los últimos cincuenta años.Fue principalmente en torno de la construcción de sus dos primeras centrales nucleares, Atucha I y Embalse, que la Argentina construyó su acervo de ciencia y tecnología aplicado a la protección del ambiente, medicina, conservación de alimentos, agricultura, ingeniería de materiales, robótica y control de calidad.De allí surgió también el INVAP, la fábrica de tecnología, según la expresión de Jorge A. Sábato, que ha revelado su excelencia y capacidad competitiva internacional en áreas de frontera.Por último, la terminación de Atucha II y las otras decisiones adoptadas en la materia ofrecen una oportunidad de avanzar en la cooperación con Brasil. En el 2001 se creó la Agencia Argentino-Brasileña de Aplicaciones de la Energía Nuclear (ABAEN) destinada a profundizar la integración de ambos países en un proceso simétrico y compartido de desarrollo de un sector científico y tecnológico fundamental.Los brasileños tienen también un proyecto nuclear inconcluso: Angra III. La cooperación en la conclusión de centrales nucleares reduciría los costos y ampliaría el acervo científico, tecnológico e industrial de ambos países.Podría ser incluso el primer paso para constituir una empresa binacional de desarrollo nucleoeléctrico que, de partida, podría contar, con nada menos que cuatro centrales operativas y dos en ejecución. Los dos gobiernos cuentan en el sector nuclear con una oportunidad de poner en práctica sus intenciones de profundizar la integración del MERCOSUR |
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