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Por Fernando Del Corro (x) “No cabe dudar de que la inflación en China durante la guerra y la posguerra fue uno de los factores primordiales que causaron la caída del gobierno nacionalista y la conquista de la parte continental del país por el Partido Comunista” (Zhou Enlai, canciller chino entre 1949 y 1976, también conocido como Chou En-lai).
El largo período de la deflación argentina de los últimos años hizo pensar a algunos economistas tiempo atrás que su perpetuación podía llegar a quebrar el récord estadístico chino en la materia que se extendió entre 1931 y 1936, período que fue sucedido por una larga y creciente inflación que se prolongó hasta 1949, atravesando los años de la Segunda Guerra Mundial hasta que Mao Zedong (Mao Tse-tung) asumió el gobierno de ese enorme país. Aunque las características de ambas naciones tengan una enorme disimilitud, ahora que Argentina ha roto con la deflación apelando a una devaluación y a asumir el riesgo de la inflación, conviene analizar algunas de las causas de la deflación china y del quiebre que devino en una virulenta hiperinflación que provocó la ruptura del estado nacionalista de Jiang Jieshi (Chiang Kai-chek) y facilitó la victoria militar de los comunistas. Las recesiones deflacionarias china y argentina si bien tuvieron causas diversas encontraron un punto común en el manejo de la moneda y en la ligazón que el mismo tuvo, en ambos casos, con la economía de los Estados Unidos de América. En el caso chino por su apego al patrón plata de su moneda y en el argentino por la ligazón, con un tipo de cambio fijo de uno a uno con el dólar estadounidense. En realidad los desórdenes chinos ya venían de mucho antes acentuados por las transformaciones políticas tras la declaración del estado republicado por Sun Yixian (Sun Yang-tsen). Sin embargo algunos estudiosos consideran que la recuperación producida a partir de la Gran Recesión tuvo que ver con haber mantenido ese patrón plata que había sido abandonado por Estados Unidos y Francia en 1873 y por la India en 1893. Por entonces los únicos estados que mantenían el patrón plata, además de China, eran Etiopía, Irán y Hong Kong. Esa circunstancia mantuvo a China al margen de la Gran Depresión pero cuando en el mundo se inició un proceso de recuperación, en China comenzó un proceso de deflación que tuvo su pico entre 1934 y 1936 y que algunos atribuyen al programa a favor de dicho metal por el gobierno estadounidense de Franklin Delano Roosevelt. La reversión de la tendencia en 1931 aparece atribuida, según algunos autores, al abandono, en ese año del patrón oro por parte de varios países, entre ellos, fundamentalmente, India, Japón y el Reino Unido, lo que perjudicó el comercio internacional chino ante la apreciación de su moneda ante libras esterlinas, rupias y yenes, por lo que para equilibrar sus cuentas el gobierno de Jiang debió comenzar a vender reservas de oro y plata. Dicho programa, reclamado por los estados plateros de Arizona, Colorado, Idaho, Montana, Nevada, Nuevo México y Utah, hizo que el gobierno federal comenzara con grandes compras de plata. Esas compras redujeron la relación con el oro de 1 a 76, de 1933, a 1 a 18, cerca de la evolución histórica que pasó de 1 a 9 en Roma con Cayo Julio César hacia el 50 ANE (Antes de Nuestra Era), hasta 1 a 16 cuando Estados Unidos abandonó el patrón plata. Las grandes compras estadounidenses alcanzaron no sólo a su propia producción sino a plata en poder de la gente y se comenzó a importar. Así China vendió una enorme cantidad de sus reservas en plata lo que hizo que en 1936 Jiang abandonara la acuñación de la plata y emitiera papel moneda. Cabe señalar que por entonces el 80 por ciento del circulante se encontraba fuera del sistema financiero. La deflación en dicho período de 1931/1936 llegó al 24 por ciento (23 por ciento entre 1931 y 1935), medida en valores de Shanghai. Tras la desplatización del sistema financiero ese 24% fue la inflación de los dos primeros años: 1936/1937. Claro que en este último año se produjo la invasión japonesa que aceleró fuertemente el alza de los precios convalidado con una emisión del orden del 100 por ciento anual en el lapso 1937/1945. Al fin de la guerra los precios habían subido un 1.600 por ciento, circunstancia en la que se desató tal hiperinflación que hizo que en 1949, en algo más de tres años, los precios se hubieran multiplicado por 54 millones. En el período la producción industrial cayó al 56 por ciento de la previa y la de alimentos al 70 por ciento, añadiéndose que poco antes el 40 por ciento de las tierras cultivables estaban bajo el agua por inundaciones. Por entonces el gobierno nacionalista recaudaba cada vez menos, en un esquema fiscal en el que predominaban los impuestos indirectos y donde la mayor parte de los tributos se destinaba a pagar las deudas correspondientes a los empréstitos extranjeros, los que estaban garantizados por el más importante de los gravámenes existentes en el país, el correspondiente a las rentas aduaneras. Mao lanzó lo que se conoce como “ La Gran Marcha ” (uno de cuyos pilares era la reivindicación de los campesinos contra la usura), en un marco en el que habían colapsado, uno tras otro, tres sistemas financieros, de los cuales el último, de agosto de 1948, se desintegró en sólo seis semanas, mientras que las únicas monedas respetadas era el dólar estadounidense y, supletoriamente, el peso mexicano de plata, supérstite de los tiempos del patrón plata. Simultáneamente circulaban por todo el país monedas emitidas por los diferentes gobiernos provinciales, incluyendo las que imprimían los comunistas en las zonas controladas por ellos, y por diferentes bancos privados, a la vez que se había generado un absoluto repudio al yen nacionalista del tambaleante gobierno de Jiang. En tanto zonas enteras de China tenían su industria totalmente paralizada y sus comunicaciones cortadas. Lo más grave era el cierre de muchos ramales ferroviarios lo que redujo a un mínimo la actividad de ese sector del transporte, al punto de que se quebró la circulación de las producciones regionales, mientras se incentivaba la inflación. Esta alcanzó una cifra espectacular del 3.000 por ciento entre julio y diciembre de 1949, aún cuando ya había tomado el poder el PC y se habían aplicado fuertes medidas para revertir la situación. Entre estas se contaron la extensión al país del jen min piao (moneda popular), creado en las zonas comunistas. Pero los mercados de abastecimiento habían dejado de funcionar, al igual que las cadenas comerciales, básicamente por el abandono de las redes ferroviarias, lo que generó una refeudalización del país, luego del caótico desarrollo de la década anterior en que habían llegado a 11.000 kilómetros, insuficientes pero importantes. También habían dejado de funcionar las líneas aéreas que para la misma fecha unían a todas las principales capitales de provincias, del igual manera que, por diferentes razones, incluyendo la acción de los piqueteros de ojos rasgados, se encontraba interrumpida la mayor parte del tramado carretero que, siempre tomando como parámetro 1937, era de un total de 120.000 kilómetros. La gran crisis china fue el corolario del descalabro de los últimos años del Imperio con el país manejado por las potencias europeas, la inestabilidad generalizada tras la revolución nacionalista de Sun en 1911, los levantamientos comunistas, los problemas monetarios antes mencionados, la acción desestabilizadora japonesa que derivó en guerra abierta en 1937 y la falta de autoridad de Jiang. Junto con todos los problemas propios de la producción y las finanzas campeaba en la administración nacionalista un enorme grado de corrupción política en todos los niveles, canal por el que se esfumaban las enormes sumas de dinero aportadas, fundamentalmente, por el gobierno de los Estados Unidos y organismos internacionales destinadas, en teoría, a restablecer la economía china. Como consecuencia de la guerra con Japón iniciada en 1937 y la creación del Imperio Manchukuo, títere del gobierno de Tokio, los nipones industrializaron tanto el territorio continental del mismo como el de la isla de Taiwán, los cuales fueron administrados por la ex Unión Soviética, entre 1945 y 1946, la que trasladó buena parte de las fábricas manchúes a la misma ex URSS, no así las de las tierras insulares. Por ello, aún dentro de la hecatombe generalizada, Manchuria tuvo una situación relativamente mejor, y más aún Taiwán, lo que explica como, tras su retirada en 1949 a esa isla, el gobierno nacionalista, protegido por la Sexta Flota estadounidense de los ataques continentales, con el apoyo financiero de la administración de Harry Truman, y los tres millones de onzas de oro con que Jiang huyó de China, haya registrado un importante despegue. En el resto del país tanto la industria, básicamente de carácter artesanal, como la propia producción rural, eran sumamente atrasadas, incluyendo en amplias zonas el mantenimiento de mecanismos de intercambio basados en el trueque y el pago en especie, en tanto que el ahorro -los pocos que lo tenían- se hacía en bienes en lugar de dinero. Frente a todo ello actuó con respaldo generalizado el gobierno comunista. La llegada al poder por parte del PC liderado por Mao y el restablecimiento de la autoridad nacional permitió la implementación de políticas económicas que reordenaran la actividad, pusieran coto al creciente déficit fiscal y quebraran la curva recesiva, aunque se tardó un tiempo no menor en volver a los niveles previos al inicio del proceso de crisis terminal que concluyó, tras cuatro décadas, con cambios radicales en China. Junto con la universalización del jen ming piao, el gobierno comunista lanzó los llamados “bonos de la victoria”, de compra obligatoria por parte de la población, con los que se ordenaron las cuentas públicas y se desarrolló, rápidamente, una nueva red comercial de empresas monopólicas para restablecer el intercambio entre las regiones pero para ello también se estableció una estrategia básica de obras públicas. Estas estuvieron centradas en recuperar las comunicaciones, en particular las ferroviarias, lo que permitió que en Manchuria crecieran las producciones de madera y granos; en China del Norte las de cemento, tabaco, textiles y hilaza; en Wuhan las de tabaco y aceite de tung y maní; y en Shanghai y Tientsin en la industria del hilo y en desarrollos estratégicos en hidrocarburos, ya que el carbón y el petróleo fueron parte clave en el fin de la profunda recesión. (x) Periodista, historiador graduado en la Facultad de Filosofía y Letras (FyL) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), docente en la Facultad de Ciencias Económicas (FCE) de la UBA en "Historia Económica Argentina" y subdirector de la carrera de "Periodismo económico" y colaborador de la cátedra de grado y de la maestría en "Deuda Externa", de la Facultad de Derecho de la UBA. Asesor de la Comisión Bicameral del Congreso Nacional para la Conmemoración del Bicentenario 1810-2010. De la redacción de MERCOSUR Noticias. |