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Por Santiago Masetti | Desde La Habana
Una mirada distinta a los viejos dibujos de ciudades, de rincones del planeta en los que se desarrolla una cultura, una vida. De Lezama Lima a los cartógrafos de la antigüedad en la obra de un artista original.
FUENTE APM Ibrahim Miranda es un consagrado artista plástico que hace años acomete con grabados y pinturas para ofrecer una mirada distinta sobre los mapas de Cuba y del mundo.
Las formas habitan en los mapas. El trabajo de Miranda es ponerlas al descubierto mediante separación o unión en sus trazos, a través de planos que dibujan calles, plazas, grandes avenidas o pequeños pasajes. Sobre esa cartografía habita el mundo del artista, con jabalíes, perros, ballenas, narizones, borrachos y otras tantas figuras que hablan de La Habana.
Antes de la conquista de América por España, los Incas instalaban figuras gigantescas sobre la tierra que solamente podían ser apreciadas desde varios metros de altura. 
En los últimos años del siglo XVI tiene lugar una revolución cartográfica a cargo de Juan de la Costa, en las tierras americanas aparecen por primera vez para los llamados occidentales. En 1570, la colección de mapas “Theatrum Orbis Terrarum”, dibujada por Abraham Ortel, conmueve al viejo continente e inspira el proyecto del clérigo alemán Georg Braum y del grabador Frans Hogenberg para publicar “Civitates Orbis”, un libro con panoramas de ciudades de los cuatro continentes, publicado en 1572 y ampliado a seis volúmenes en 1617.
“La idea de trabajar con mapas fue casuística. Intentaba ilustrar un poema de Lezama Lima (Noche insular: jardines invisibles), en el que se describe una Cuba muy aleatoria, muy poética, muy dinámica, porque en él se habla de la música, de lo astral. Entonces me pregunte ¿de qué forma yo podría hacer arte?; y creo que la cartografía del mapa de Cuba, de la Isla de Cuba, me sirvió de fondo, ya que era algo racional y algo sobre lo que podía intervenir. También fue la poesía, la literatura en sentido general, la que influyó muchísimo en mi trabajo, como Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier, un texto que habla de los orígenes de la cubanidad y con el cual su autor estudió a la generación de Orígenes, por ejemplo. Esas lecturas fueron las que me permearon para totalizar mi trabajo como artista plástico”, dijo Ibrahim Miranda a APM.
Noche insular y jardines invisibles; Islas urbanas; Atlántida secreta y Mapaglifos, son algunas de las obras con las que este artista trata de darle cuerpo y alma a sus mapas, a partir del reciclaje de los más disímiles materiales.
Al explicar las líneas generales de sus trabajos, Miranda dijo: “en sentido general, yo hablo de la idea de la mutación, de la mutabilidad, de la idea de la metamorfosis o del tipo de inspiración infinita que puede abracar, no solo la cuestión del mapa en sí, sino también la cuestión bestial de los animales, por eso es que me interesa tanto la idea metamórfica. Por ejemplo, en la serie Mapaglifos que son animales a partir de las ciudades, cuando se ve en forma generalizada es una especie de bestiario, pero se habla también de planeación, de una planeación urbana ya establecida; el mapa tiene algo racional, científico, demasiado estricto, aparentemente no cambia, y mi intervención es la que realmente le da otro sentido, modifica su sentido”.
A su manera, este artista se reconoce cartógrafo porque ve a los mapas en un sentido visual-histórico y explicó: “puedes visualizar todos los cambios que un mapa puede haber alcanzado, es muy atractivo y tiene un sabor muy propio. Recojo la visión de los antiguos cartógrafos, los niveles de fantasía y de ficción que había en ellos”.
Las imágenes escondidas en las pequeñas y grandes ciudades son, para Ibrahim Miranda, una fuente inagotable de constante e infinita inspiración para lo que él llama “arte verdadero”. |